domingo, 25 de marzo de 2012

PATERNA TE ESPERA

Paterna te Espera.


Articulo presentado bajo el pseudónimo de"Juan del Arroyo Hierro" al Concurso Periodístico de Exaltación a la Petenera convocado por el Ayuntamiento de Paterna de Rivera en 1998

Vista de Paterna (Vicente C. Cortés)
 
Cualquier día del año es bueno para visitar la villa gaditana de Paterna de Rivera, aunque debo reconocer, que cada época del año tiene sus alicientes.

El día que usted venga puede comer, en alguno de los restaurantes del pueblo, los guisos que han hecho famosa la cocina paternera: Tagarninas esparragás, revuelto de espárragos, perdiz estofada, conejo en salsa o un buen plato de caracoles. Elija lo que elija será para su paladar un magnifico disfrute.

Pero si el lector es aficionado a los caballos; sabe que Paterna es tierra de ellos, donde se les  cuida y mima como al propio hijo. Su uso y disfrute ha sido una necesidad convertida en arte. Es un orgullo para los caballistas paterneros seguir las huellas de aquellos maestros de la doma que fueron D. Antonio Calero, D. Juan Candón y el todavía en forma D. Salvador García Cebada.

Esta pequeña villa gaditana  puede presumir de convocar una de las demostraciones de doma vaquera más importantes de España y de haber conseguido organizar el pasado año, el Campeonato de España de dicha especialidad hípica.
Todo gracias a la entrega, el trabajo y al tesón de la Peña La Herradura.

Durante el mes de Septiembre los caballos vuelven a tener su fiesta en Paterna: La Romería de San Sebastián, donde los caballos de la zona lucen su buena doma y los jinetes y amazonas sus mejores galas.
           
            De una cosa estoy seguro, si usted la conoce habrá vuelto y si va alguna vez volverá a la Romería Paternera.

También puede venir en Febrero. El Carnaval de Paterna siempre tuvo fama, no sólo por sus coplillas sino por la gracia de sus máscaras. No hay cabalgata del Humor porque toda la fiesta es una gran bufonada donde reina la gracia, la alegría y el buen humor. Juan Caravaca, con sus murgas, el Viñolero y el Maestrito con sus parodias callejeras me hicieron pasar los días más felices de mi juventud.

Semana Santa (Vicente C. Cortés)
Al llegar la Semana Santa las calles de Paterna se impregnan de olor a claveles, rosas, nardos, cera e incienso para recibir, como todas las primaveras, el paseo nocturno de su Patrona, la Virgen de la Soledad, a la que los paterneros saben expresar, con sus sentidas saetas, todo el Amor, Fe y Esperanza que en Ella tienen depositadas. En cualquier esquina del recorrido procesional, durante el Jueves o Viernes Santo podremos escuchar las saetas pero no se pierda usted las que se cantan en el Bar del Perro. Todos los años, hasta su muerte, Antonio Pérez, El Perro de Paterna, solía cantarle algunas saetas a su Patrona. Ahora, sus compañeros y amigos le cantan en su nombre a la Soledad, seguros que también él desde el cielo los está escuchando.

La Semana de Pasión termina con la alegría del Toro del Aleluya, otro motivo más para venir a visitarnos y poder correr delante del morlaco, si es usted joven, valiente y ágil o verlo desde algún balcón, azotea o en la calle, que en todos los sitios se pasa bien.

Si le gustó el toro del Aleluya, vuelva unos meses más tarde y seguro que lo pasará mejor durante la Feria. No solo podrá disfrutar de los toros en la calle sino que además podrá asistir a la entrada del ganado bravo, traído del campo por los garrochistas, al más puro estilo de principios de siglo. Prolongar su visita hasta bien entrada la noche con el cante y baile en las casetas, en las que seguro que será recibido como un amigo más.
   
¡Pero esto, no se lo puede usted perder! Último fin de semana de Julio. Paterna se viste de gala para recibir a todos los participantes en su Concurso Nacional de Cantes por Peteneras.

            La cantaora que sigue viva en el aire de Paterna y hace que su espíritu flamenco se asome para dar la inspiración necesaria a todos los concursantes que durante las fases de selección se afanan en demostrar al jurado que son dignos sucesores de la  Dolores la Petenera.
Cartel XXXII Concurso Nacional de Cantes por Peteneras
La noche se hace mágica al recibir los cantes de los ilusionados finalistas. El público enmudece y queda absorto, lloran las guitarras y el cantaor levanta su voz a las estrellas que sirven de techo al recinto. Pasión y emoción. Todos ganamos porque el paternero, generoso donde los haya, premia con su aplauso y olé, la entrega, el entusiasmo y el bien hacer de todos los concursantes. Ya no hay forasteros: Paterna los ha embrujado con su hospitalidad y arte.

Y por último el Fin de Fiestas que como todos los años nos tiene preparado Paterna para honrar, no solo a sus visitantes sino a su legendaria Petenera, a la que usted, si es amante del flamenco o de Paterna, tiene que hacer una visita, en su nuevo emplazamiento de la Plaza del Pozo Medina, esa que una vez puso crespones negros en sus ventanas porque ya la Petenera no bajaría más por agua.

Caballos, toros, flamenco, gastronomía y sobre todo sus gentes son razones suficientes para venir a conocernos. ¡Qué no se lo cuente nadie! Venga y vívalo con nosotros.


Revista 27 El Alcaucil (1998)
Autor: Juan del Arroyo Hierro

miércoles, 22 de febrero de 2012

TRADICIONES DE PATERNA: ALFARERIAS

ALFARERIAS DE PATERNA
por Teresa Paye
 
En Paterna había las siguiente alfarerías

·     Una detrás del Cementerio a la  que llamábamos “Rafaelíto el de la Cantarería”.
·        Otra que está donde hoy el chalet de Pecino, su dueño era Fernando “El Chiquito”, familia de los “Cantareros”.
·        Otra la “Cantarería del Niño”, que así era conocida situada al lado de la Fuentecita., también familia de los “Cantareros”

Todas estas cantarerías hacían ladrillos, tejas, lebrillos, cántaros, y maceteros.

Había dos clases de barro que se mezclaban para hacer los ladrillos: el barro normal, que se obtenía del barrero que había detrás del Cerrillo de Jerez y de Cortegana,  y el barro “fuerte”, que se sacaba del “Barrero”, que estaba en el pozo del mismo nombre en la carretera de Alcalá. Si el barro no se mezclaba, al cocerse los ladrillos, se rajaban. 

El barro lo  traían a las alfarerías los arrieros. De Cortegana  lo porteaba “El Viñolero” y su padre con unos cuantas bestias. Precisamente aquí murió un hermano de mi madre al  que, sacando barro, se le vino una avalancha de tierra encima y perdió allí mismo la vida.

Dionisia Macho Carrasco no explica como se hacían los ladrillos

         Mi padre traía el barro normal de Cortegana  y el fuerte de “El Barrero”, el primero se extendía en el “mantillo”, una explanada con arena para que no se pegase a la tierra, donde se dejaba secar hasta el día siguiente. El barro “fuerte” se echaba en una pila grande con agua y se removía hasta que quedase bien disuelto.  Al día siguiente, una vez seco el barro de Cortegana, se mezclaba con el fuerte  que estaba disuelto en la pila  a razón de 10 espuertas del normal por una del fuerte. A continuación se “labraba” la mezcla, es decir, se amasaba con los pies para ligar bien los dos tipos de barro.  Después con esteras de esparto se iba echando el barro mezclado al “mantillo”, haciendo “canapés”, es decir, unas tiras largas de barro amasado para luego ir sacando los ladrillos.

En estas tiras de barro mi padre, en cuclillas con un cubo de agua al lado,  las iba cortando con las manos en trozos y los echaba en el “formero”, molde de dos ojos con el que sacaba dos ladrillos, utilizando el agua del cubo para enrasar el molde con las manos mojadas y evitar que el barro se pegase. 
Horno de la Fuentecita que ya no existe
  Los ladrillos obtenidos del molde se dejaban orear al sol; cuando estaban  medio secos se ponían de canto formando estrellas con 5 o 6 piezas para que se secasen totalmente. Tras esta operación un grupo de muchachas porteaba los ladrillos hasta la puerta del horno caldeado, donde mi padre los iba introduciendo para su cocción. Colocaba los ladrillos de canto y en hileras de 4 ó 5 evitando que estuviesen pegados unos a otros para su mejor cocción y de tal forma que quedasen unos huecos verticales hacia arriba que sirviesen de respiradero.

El horno de fábrica  se tapaba con tierra para que no respirase con lo que se evitaba la pérdida de calor y se mantenía la temperatura de cocción constante. La cocción duraba 2 ó 3 días arrimándosele leña día y noche para mantener el calor.

Tras cocerse los ladrillos, se sacaban del horno y se apilaban en “carros”,  montones grandes de ladrillos, que se regaban continuamente con agua durante 4-5 horas para enfriarlos evitando con ello que se rajasen.

         Los ladrillos que hacía mi padre eran de dos tipos los normales y los toscos, estos más altos que los otros.

         Las tejas se hacían con un torno movido con el pie. Con el barro se formaba un cilindro hueco más estrecho por la parte de arriba  que se dividía en dos con una guita obteniéndose 2 tejas. Los lebrillos y cántaros se hacían igual. Para cocerlos se seguía el mismo procedimiento.

Revista 34 El Alcaucil (2002)
Autora: Teresa Paye

martes, 20 de diciembre de 2011

EL NOMBRE DE LAS CALLES DE PATERNA

EL NOMBRE DE LAS CALLES DE PATERNA

por Juan Moreno Castro



     Bajo este título iniciamos en este número 21 de la Revista el "Alcaucil" una serie de varios artículos que se continuarán en los próximas ediciones, en los que pretenderemos dar a conocer el por qué del nombre de algunas de nuestras calles más significativas del casco antiguo.


           
             Al analizar el nomenclator del callejero de Paterna advertimos en primer lugar que no conocemos el nombre de muchas de estas calles, ni siquiera sabemos donde están, y en segundo lugar, nos preguntamos la razón o el motivo por el cual se le dieron esos nombres a nuestras calles.

            Todos los pueblos, al denominar una nueva calle rememoran algún acontecimiento histórico o tradicional; evocar a figuras populares; reconocen a sus hijos ilustres; homenajean a distinguidos personajes por su labor, dedicación, filantropía, trabajo, etc, hacia el pueblo;  o le dan el nombre de un accidente del terreno o vegetación, de un edificio publico o construcción destacados, un comercio, industria,  fábrica, tienda, oficio artesanal, etc, situado en ella; etc. Estos son los motivos mas frecuentes, que hacen que ese nombre tenga una mayor aceptación popular, se consolide y se conserve en el tiempo; lo que permite por otra parte valorar, conocer y respetar nuestras tradiciones populares, históricas y culturales. 
           
            En Octubre de 1991, en el Nº 10 de esta Revista, Juan Caravaca se dolía de la decisión tomada por los gobernantes de retirar el nombre de Elías Ahuja a la actual calle San José, aunque anteriormente tenía ya ese nombre. Proponía restituirlo o, en su defecto, poner el nombre de Elías Ahuja a otra calle del pueblo. Quizás Elías Ahuja se merezca algo más que llevar el nombre de una de nuestras calles, y sin embargo ni eso, ni siquiera una de las calles de Paterna lleva el nombre de este filántropo y bienhechor de los vecinos de este pueblo.

            Tenemos calles que no se identifican con el lugar en que están, como Cuatro Vientos (muy lejos de dicho lugar) o San Sebastian (estaba próxima a la ermita del mismo nombre, donde hoy el cementerio). En la extensión del pueblo hacia el Este, abundan los nombres de pintores y escritores. Se echa en falta nombres de calles o avenidas como LLano de San Sebastian, La Cabra, El Tollo, La Negra, Fuentecita, Sileras, Silos, Calerilla, etc, nombres, que entre otros, se siguen utilizando hoy en día para denominar estos lugares, sobre todos los mayores. También contamos con personajes destacados o populares muy relacionados con la historia de este pueblo como Francisco Enríquez de Ribera, San Juan de Ribera, Elías Ahuja, Julio Mariscal, Pierre Chauve, etc, que bien merecen el nombre de una de tantas de nuestras calles. 

 

            Desgraciadamente en Paterna, con el crecimiento del pueblo desde finales de los 70, a muchas calles se les ha dado nombres de forma caprichosa, sin  una justificación, motivo o lógica que los afiance entre la población, siendo incluso rechazados a veces por los vecinos; lo que ha llevado posteriormente a cambiar los nombres de algunas de estas calles por otros, según el político de turno.

            Los modificaciones en el nomenclator de las calles han sido debidas, por una parte, a los cambios políticos del momento, así en la II República, Dictadura o llegada de los Ayuntamientos democráticos, y por otra parte, al crecimiento del pueblo con el consiguiente aumento del número de calles a las que hay que rotular.

             Pero en el casco antiguo, sin embargo, casi todas las calles aún conservan sus nombres desde el siglo pasado, aunque no siempre tuvieron el mismo nombre. En muchos casos la nomenclatura popular ha triunfado sobre la oficial.   



             JUAN MACIAS

            Debe este nombre a un ilustre paternero nacido el siglo pasado en nuestro pueblo y conocido por ser un renombrado matemático. El Ayuntamiento lo declaró hijo predilecto y le dio su nombre a una de las calles más importantes de Paterna, la calle de Medina. Este hecho se recoge en las actas capitulares del Ayuntamiento de Paterna en la sesión celebrada el 23 de Julio de 1900:

"... siendo norma de conducta en los pueblos cultos honrar a sus hijos ilustres con lo que se honran a sí propio que conocidas las relevantes dotes de virtud, talento, honradez y caballerosidad que concurren en el insigne matemático hijo de esta población y vecino de San Fernando Sor. Don Juan Macias Prieto se sirba acordar declararlo hijo predilecto de la villa y darle su nombre a una de las calles de la misma, el Ayuntamiento por unanimidad acordó de conformidad con lo propuesto, designando para dicho objeto la calle que hoy lleva el nombre de Medina"



            Hallándose en esta fecha Juan Macias en Paterna una comisión del Ayuntamiento compuesta por el Alcalde y los concejales Francisco Caña León y Felipe Tejedor de la Vega, lo visitan para comunicarle el acuerdo y entregarle certificación del mismo.
 
            El día 30 de Julio Juan Macias se persona en el Ayuntamiento ante el alcalde con el fin de:

    "hacer saber a los señores concejales la viva expresión de su gratitud por la honra que el municipio le confería al nombrarlo hijo predilecto de esta Villa y dar su nombre a una de las calles de la población, deseando encontrar ocasión de hacer efectivo su reconocimiento ofreciéndole incondicionalmente para cuanto pudiera redundar en beneficio de esta localidad"


            Vemos pues que fue un importante matemático que vivía en San Fernando, y por temporadas visitaba Paterna; poco más sabemos de Juan Macias Prieto. Sería interesante indagar en la vida de este conocido paternero, donde y cuando nació, quienes fueron sus padres, si tienen descendientes, si escribió alguna obra sobre matemáticas, donde estudió, donde trabajó, cuando y donde murió, etc.

            Anteriormente era conocida como calle Medina, y  enlazaba con el camino a Medina a su entrada en el pueblo, por donde hoy la carretera,  de ahí el motivo de esta denominación.

             Ya en el siglo XVIII encontramos el nombre de esta calle en las Actas Capitulares, concretamente el 6 de Abril de 1770:
                                                                                 
"... Fco. Garcia Romero, Juan de Alva y Juan
Cruz solicitan hacer una cerca de pared en la que tienen hecha de pita en las casa que gozan de su comunidad, en la calle que llaman de Medina y mira a el camino de este nre." 


            Con la calle Medina se cruzaban la calle de San Rafael (después calle Gloria y hoy calle de Ntra. Sra. de la Soledad), la calle Cuesta del Duque (hoy calle Duque) y la calle de Alcalá, donde formaba una plazoleta en el siglo XVIII llamada de la Cruz Colorada, pues en este lugar se hallaba una cruz que suponemos colorada.

            En la calle Medina estuvieron ubicados  dos hornos de pan cocer, uno denominado Horno de Arriba u Horno del Duque, situado en la que fue la casa de los Ribera (estuvo situada en esquina Juan Macias con calle Duque) y Horno Nuevo o de Abajo (AC 20-7-1739 y 20-11-1739),  posteriormente fue tahona de Juan Caña (AC 28-1-1865).



Revista 21 El Alcaucil (1996)
Autor: Juan Moreno Castro